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Seguramente alguna vez has estado como yo, en una situación de constante vacío, sintiéndote abrumado con tus propios pensamientos y eligiendo de manera inconsciente, el miedo como tu fuerza de creación.

Es fatal, ¿verdad?…

Es una sensación que llega al punto de agotarte y drena tu energía; es como si tus propios pensamientos se volvieran tus vampiros energéticos.

 ¿Sabes por qué nos ocurre todo esto? Porque nos desconectamos de nuestro poder creador; ponemos en otros nuestras expectativas y muchas veces dejamos de ser nosotros mismos para agradar, sea por miedo al abandono o al rechazo.

No obstante, la vida en su infinita sabiduría, siempre nos recordará que vamos por un camino que nos conduce a la infelicidad, que nos aleja de la tan anhelada y merecida paz interior.

Si te identificas y te has hecho preguntas como: ¿Será que alguien me hizo brujería?, ¿Qué estaré pagando?, ¿Por qué Dios se olvidó de mí? o cuestiones similares, quiero expresarte desde mi experiencia, lo que realmente te puede estar sucediendo:

  1. Te separaste de Dios.

Cuando somos uno solo con la fuente de poder y permitimos que esa energía divina obre en nuestro interior sin resistencias, solo podemos sentir un amor infinito y desde allí crear nuestra realidad.

Sabes que estás en comunión con Dios porque sientes una alegría inmensa en tu pecho, es una sonrisa dulce que se dibuja fácilmente en tu rostro y todo porque sientes la certeza de estar guiado y protegido.

Si por el contrario sientes constantemente un vacío en tu estómago, demasiada ansiedad, te irritas con facilidad, desgano o desánimo todo el tiempo, estás teniendo síntomas de separación con Dios.

2 . No escuchas tu intuición

Oras y/o rezas, pides señales a Dios; pero resulta que la guía divina se expresa a través de tu intuición y no haces caso porque prefieres desde esa necesidad de control y desde tu ansiedad, que la guía llegue a través de los otros. Entonces haces caso a todo, menos a tus propias emociones y a esa canción repetitiva en tu interior, que es Dios hablando para ti. Recuerda que, si tu Yo superior quiere que afines tu intuición y recuperes tu poder, entonces por más que ores, dejará que tú mismo te enfrentes a situaciones fuertes – a tus propios demonios-; porque a Dios no puedes engañarlo, él sabe claramente si vienes orando y/o rezando solo para evitar confrontarte con tus propios miedos.

Por ejemplo, estás saliendo con alguien y le pides a Dios señales para saber si es la persona adecuada para ti, y desde lo físico ves como señales la atención del otro. Sin embargo, resulta que tienes un miedo inconsciente al abandono, a enamorarte y sufrir, entre otros miedos que puedes tener en tu inconsciente; así que la relación sigue su curso y de un momento a otro, ocurre lo que tanto temías.

Aquí es donde resulta importante tener en cuenta que, requerías seguramente vivir esa relación para confrontar tus miedos, ya que es posible que te sirva de instrumento para trascenderlos; o tú desde el inicio sentías que no era la persona y, aun así, evitaste el llamado de tu intuición.

3. Tienes pensamientos agobiantes

Tú tienes poder absoluto sobre tu mente, puedes pensar bonito para sentir bonito o, por el contrario, tener pensamientos que te crean malestar y temor.

Cuando estamos separados de Dios vibramos en una frecuencia contraria al amor. Desde esa vibración es muy fácil atraer situaciones que nos agobian y desestabilizan en todas las áreas de la rueda de la vida, y por eso es posible que llegues a pensar: ¿Será que alguien me hizo brujería?, ¿Qué estaré pagando?, ¿Por qué Dios se olvidó de mí?, entre otras.

Sencillamente, es importante comprender y aceptar que el único responsable de los resultados que hoy tienes eres tú mismo. Es ahí donde asumes el cuidado de tus pensamientos, tus emociones y tus acciones desde la consciencia.

Es así, como estando conectados a Dios, comprendemos que nadie puede ejercer un poder superior al que desde fábrica se nos fue otorgado.

Finalmente, la invitación es a que venga siempre la compasión antes que el juicio, no sirve de nada culparte o autocastigarte. Ahora es cuando más amoroso debes ser contigo para que puedas combatir tus propios demonios y redescubrir tu gran poder.